La rapidez es enemiga del ritmo humano…
La rapidez es enemiga del ritmo humano. Los relojes, las agendas, los emails… nos han secuestrado el tiempo, ¡hay que liberarlo!
Es preferible andar a correr, la bicicleta al coche y el tren al avión. La opción pausada frente a la rápida se puede trasladar a casi todos los ámbitos de la vida, y aunque en la mayoría de ocasiones no esté en tu mano tomar la decisión, si lo está la actitud que tomes, ¡aprende a tomarte la vida sin prisas!
La iluminación artificial ha sido un gran factor para alejarnos de los ritmos naturales. Como hoy en día es prácticamente imposible despertarse tranquilamente con el amanecer al menos intenta aprovechar todo lo que puedas la luz del sol, ¡te sentirás con más energía!
También deberías sincronizar el reloj interno con los ritmos naturales. Despertarse con el sol activa las hormonas del bienestar y nos prepara para la actividad diaria. Cuando el sol se pone, debemos ir reduciendo la intensidad de la actividad y los estímulos, (televisión, internet…). Una buena idea es acabar el día con la luz de las velas. ¡Relax!
Vivir sin programar, sería el mejor de los regalos. Pero aunque sea un presente imposible debido al alto grado de obligaciones que tenemos, al menos sí podemos distinguir lo urgente de lo importante. También podemos regalarnos tiempo, para cocinar una buena receta, para quedar con un amigo o para perdernos un día entero por ese lugar al que nos encanta ir.
Con el paso de los años vamos cambiando la espontaneidad por los planes y las obligaciones a las que nos somete el trabajo y los compromisos sociales. Es la razón de que el tiempo pausado de cuando eras niña se acelere. Ser espontánea significa estar dispuesta a jugar y estar abierta a la sorpresa, ¡disfruta de cada momento!
Cuando se vive de esta manera, el día se alarga enormemente; en cambio, el exceso de actividades acorta el tiempo como la calidad de nuestras vivencias ¡Cambia el chip!






Es verdad. a veces no nos damos cuenta de que el ritmo de la vida está acabando con nosotros. Nos vemos envueltos en tantas actividades que nos olvidamos de la belleza de la vida e incluso nos puede llegar a parecer tediosa e insoportable. Por eso tantas veces quizá hemos llegado a pensar y a gritar “¡Ya no puedo más!”
Es cierto que tenemos responsabilidades que cumplir, nadie niega eso pero, como bien dice el artículo, debemos tomar la actitud adecuada y distinguir las prioridades. El mundo nos dicta las cosas que son “importantes”: tener dinero, hacer logros en el trabajo, cumplir metas, tener éxito, siempre ir por más a como dé lugar. Este es el ritmo de la vida en el mundo. Pero, ¿valdrá la pena desperdiciar nuestra vida en alcanzar cosas que algún día terminarán, que se esfumarán y que no tendrán valor ni nadie las recordará cuando nos vayamos de este mundo?
¿Acaso no es más importante buscar de Dios y voltear a ver lo que Él nos ha regalado: nuestra familia, un buen amigo, un espíritu apacible, etc.?
Creo que sí hay cosas VERDADERAMENTE IMPORTANTES, las cuales olvidamos por el ritmo de vida que nos dicta y exige el mundo.
Tener sueños no es malo, pero pienso que debemos enfocarnos en las cosas que tienen alcances eternos, como el amor, la verdad, la benignidad, la paciencia, la humildad, etc. Es importante tomarnos un tiempo para alimentar nuestro espíritu…
Saludos.